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Historias a través de datos

Así respira la música: Recardelino de Juanjo Bona.

7 min de lectura

¿Cuántos discos enteros escuchamos hoy sin saltarnos una canción? En tiempos de listas infinitas y reproducciones aleatorias, cada vez son menos. Recardelino fue una de esas excepciones.

El debut de Juanjo Bona sorprendió a buena parte de la crítica. Más allá del prejuicio inicial que acompañó a un artista recién salido de Operación Triunfo, el álbum demostró una identidad propia, una producción minuciosa y una forma muy personal de entender el folclore y el pop contemporáneo.

Ahora, apenas un año después, Bona ya mira hacia delante. En sus redes sociales comparte fragmentos del proceso creativo de su segundo trabajo, un disco que, según ha adelantado, será todavía más íntimo, profundizará en su identidad y pondrá más el foco en su capacidad vocal. Para construirlo se ha rodeado de compositoras y productoras como La Bien Querida, Zahara, Salma, Gala Durán o Alba Morena, y todo apunta a que volverá a trabajar con David Soler y Marcel Bagés, responsables de buena parte del universo sonoro de Recardelino.

Todavía quedan meses de composición, grabación y masterización antes de descubrir cómo sonará ese nuevo álbum. Pero precisamente esa espera invita a volver atrás. Porque antes de preguntarnos hacia dónde va Juanjo Bona, merece la pena entender de dónde viene.

¿Qué canción resume mejor Recardelino? ¿Cuál es la más distinta? ¿Qué temas comparten un mismo ADN sonoro? ¿Dónde cambia realmente el disco? Para responder a esas preguntas hemos traducido la música en datos y los datos en imágenes. Porque quizá la emoción nunca pueda separarse del todo de los números.

Así respira Recardelino

Hay discos que se recuerdan por una canción. Otros por una melodía. Recardelino deja otra sensación: la de un viaje. Empieza casi en silencio, se expande, encuentra momentos de enorme intensidad y vuelve varias veces a la calma antes de terminar. Esa impresión, aparentemente subjetiva, también puede medirse.

Este reportaje no pretende explicar cómo suena Recardelino. Pretende descubrir qué forma tendría si pudiéramos verlo.

El primer latido

Toda historia necesita un primer pulso.

La onda reúne todas las métricas del disco. Cada canción modifica el dibujo porque cambia la relación entre energía, acústica, bailabilidad y volumen.

La Introducción marca el punto de partida: es la canción menos intensa del álbum y también la más instrumental. Después llega Moncayo, que rompe ese equilibrio inicial. La intro esconde mil sonidos que irán apareciendo a lo largo del disco, es simiente de la que se ha alimentado Bona para construir el universo de su álbum debut, que no deja de contarnos quién es él, o parte de él y sobre todo de dónde viene.

Entre ambas canciones la sonoridad aumenta 13,3 dB, el mayor salto de todo el disco.

Ese es el primer latido.

Un jardín que crece hacia la montaña

Las canciones dejan de ser números para convertirse en organismos vivos que dan la mano a la siguiente canción en forma de transición.

Las flores muestran que ninguna comparte exactamente el mismo ADN sonoro, pero sí un código genético compartido.

Cuando todas aparecen juntas forman un paisaje variopinto y dispar, seguramente como podría plasmar el paso abrupto de pubertad a la madurez, de una vida anónima a una pública y quizá refleje también el carácter multidimensional del propio cantante.

Entonces se descubre algo. Todas pertenece al mismo lugar, pero con paisajes diversos. Existe un bloque claramente acústico y otro mucho más energético.

Cuatro canciones superan el 79 % de acústica, mientras tres alcanzan o superan el 78 % de energía. Dos maneras muy distintas de construir el mismo álbum.

Donde cambia el álbum

Hasta aquí hemos conocido las canciones. Ahora importa cómo se suceden.

La espiral convierte el orden del disco en un recorrido. Su grosor aumenta con la energía. El color cambia cuando disminuye la acústica. El gráfico de sonoridad explica por qué ese recorrido se siente diferente según avanza. El propio Bona relata que Recardelino es su vida divida en tres fases: Antes de OT, tras OT y momento de asentarse. ¿Pero será consciente de que su subconsciente ha representado a la perfección esa montaña rusa en los distintos niveles de fuerza de su disco? Los datos no pueden demostrar esa intención, pero sí revelan que el álbum tiene un punto de inflexión muy marcado.

El paso de Golondrinas a Me sabe mal supone el mayor cambio de personalidad del álbum: la energía aumenta 53 puntos porcentuales y la acústica cae 44.

Ese es el punto donde Recardelino deja atrás la intimidad para entrar en su tramo más intenso.

Las canciones también tienen familia

La constelación demuestra que las canciones no viven aisladas. Algunas comparten un perfil casi idéntico. Otras ocupan extremos opuestos.

La trama permite enfrentarlas directamente. No para decidir cuál es mejor.

Sino para entender cuánto comparten.

La Plaza y el Río es la canción más cercana al perfil medio del disco, curiosamente el propio Juanjo Bona cuenta que fue la primera canción que escribió recuperando su sello jotero. La primera de un disco tan personal en letra y melodía. Su perfil es el más cercano al promedio del álbum y funciona como un punto de encuentro entre las canciones más acústicas y las más enérgicas. Quizá sea la mesura donde se para el ruido. ¿También es algo al azar?

Nuestra Forma de Hablar rompe una intuición habitual.

Es la canción con el tempo más alto del álbum (150 BPM), pero no destaca por su energía. Demuestra que una canción rápida no tiene por qué sentirse intensa. El ritmo y la energía no siempre avanzan de la mano.

Mientras que La Magallonera es la que más se aleja. Entre ambas se sitúa todo el universo sonoro de Recardelino.

Además, los datos revelan que Me sabe mal y Últimamente son las dos canciones más parecidas del álbum, mientras que Mis tías y La Magallonera representan los polos opuestos de esa constelación. Una apuesta por la energía y el movimiento; la otra por la contención, la acústica y una bailabilidad mínima. Son dos maneras casi opuestas de entender el mismo universo musical.

El viaje también tiene un centro

Si el disco fuera una ciudad, La Plaza y el Río estaría en la plaza mayor.

A un lado quedan las canciones más íntimas y acústicas; al otro, las más físicas y luminosas. Esa posición intermedia explica por qué resulta una pieza clave en el equilibrio del álbum.

¿Puede un álbum tener una arquitectura visible?  Yo creo que sí. La música puede.

Metodología
Este reportaje parte del análisis de las once canciones que componen Recardelino a partir de las variables de audio extraídas mediante la API de Spotify. Se han empleado métricas como energía, acústica, bailabilidad, sonoridad (loudness), tempo y duración, normalizando los datos cuando ha sido necesario para facilitar su comparación visual.
Las visualizaciones se han diseñado específicamente para este proyecto con el objetivo de transformar los datos en una narrativa periodística. Cada pieza responde a una pregunta concreta – la evolución del álbum, las similitudes entre canciones, los cambios de intensidad o el equilibrio sonoro del conjunto- siguiendo principios de claridad visual, proporcionalidad y fidelidad a los datos.

📜 EVIDENCIA Y LICENCIA CC BY 4.0
Salvo indicación contraria, este reportaje y sus materiales asociados (texto, gráficos y dataset) se publican bajo Creative Commons Atribución 4.0 (CC BY 4.0).

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