La sonoridad (loudness) no mide solo el volumen, sino la percepción de potencia física del sonido. En Recardelino, viajamos desde el vacío casi absoluto de la Introducción (-16.7 dB) hasta la presión máxima de Me sabe mal (-3.3 dB). Esta escala vertical muestra dónde golpea con más fuerza la producción del álbum.