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La Insolación es el disco que hubiera querido escuchar a mis 21 años.

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La Insolación es el disco que hubiera querido escuchar a mis 21 años

El primer trabajo de Martin Urrutia es valiente y honesto, no solo porque se haya acercado a un sonido poco comercial, sino por cómo afronta la transición a la madurez.

Yo era una de esas adolescentes que tenía un diario que desbordaba dramatismo ante un mundo extraño del que quería formar parte para poner mis normas. Aviso: no ocurrió. Una de esas que arrancaba hojas hasta dejarlo tan fino como mi estabilidad hormonal por esas fechas, por el pudor que sentía al leer lo que había escrito sobre lo que había sentido meses antes. Me hubiera gustado tener un disco al lado que me ayudara a reírme también por pasarme toda la adolescencia buscando Jeremié a los que idealizar. Una cinta de casete grabada de una vecina con más recursos que yo, que escuchar bajo las sábanas y entender con esa paz que la piscina se vacía y duele, y que el dolor es normal y que otros también lo sienten. Quería una Insolación de mano de una voz dulce y con una cadencia que traspasa.

La Insolación es el regreso a la Bola de Cristal y al Planeta Imaginario.

Quienes crecimos en la misma época que los productores del disco, el dúo catalán Hidrogenesse, tuvimos la suerte de vernos inundados de colores, sonidos y escenas diversas. Los programas para niños eran irreverentes y te ayudaban a cuestionarte muchas cosas, las heroínas eran brujas poco normativas, te hablaban de arte y de literatura mientras la música pasaba de violines al pop más naif, llegando a una pieza operística. No había estancos en el mundo de Flip y así es como siento parte del disco de Martin: Piscina Vacía, Déjalo Ir, 1000 Estorninos u Otros recuerdos: la más íntima y con la que conecto mejor, la que navega entre capas personales y capas de maravillosas melodías y juegos de voces del propio Urrutia, que tanto se baña en la nostalgia que llega a escenificar aquella que ni vivió. La estética y los elementos al ritmo de stop motion de su último videoclip “Déjalo ir” y la maravillosa coreografía de Mabel Olea sitúan a Martin en un pasado que no vivió pero que ahora sí es capaz de revivir.

Escuchar la honestidad con la que Martin Urrutia afronta dejar la seguridad de la niñez es una lección de verdad. No todo el mundo es capaz de hablar de cómo se siente cómodo siendo niño y cómo hace un cuestionamiento claro: por qué me obligáis a hacerlo, por qué estáis seguros de que dejarlo todo atrás es lo adecuado.

Entre lo figurativo y la cotidianidad

1000 Estorninos sería la proyección en una sábana blanca de una cámara Super 8. En esta canción es donde veo al Martin más visual, al otro Martin, al que graba y disfruta ante una cámara. Con esta canción se ve el amor en fotogramas velados en las palabras del propio Martin. Se acerca mucho Piscina Vacía y Otro Verano. Y es como me gusta ver a través de la música, esto es un regalo para mis pupilas. El trabajo de producción además acompaña tan bien la voz y las emociones contenidas que para mí son las que puedo escuchar en bucle sin parar, porque ver y escuchar no es algo que todos los cantantes pueden regalar. En realidad, muy pocos.

Crecer desde la calma

Él mismo ha reconocido que le costó hacer frente a este su primer proyecto. Que tuvo que empezar de nuevo y que lo hizo de la mano de Hidrogenesse, seguramente alguien supo ver que ellos sabrían entender su visión y sus extrañezas. Con ellos también se siente menos raro. Supo parar, dejar aparcado aquel Faro que sonaba tan bien, pero que no era el momento de alumbrar. Y, una vez superado el momento de tomar una decisión que otra persona seguramente en ese contexto no hubiera sido capaz, comenzó el camino de nuevo. Un camino en el que no se deja quemar por el sol de crecer en un mundo de la industria demandante ni por un mundo en general poco paciente. Se escuchó y ha demostrado que está más que listo.

La Insolación es el disco que hubiera querido escuchar a mis 21 años, pero que en mi edad adulta me sirve también para entenderme y ver con humor y cariño aquellos años de pensamientos intrusivos. Martin cierra una primera etapa y nos enseña que las quemaduras y las rodillas raspadas son también parte del tesoro de la infancia.

Podemos crecer y seguir yendo en pantalones cortos. Gracias, Martin.

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