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El escenario frente a la pantalla: donde la música deja de ser consumo para ser vida

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El escenario frente a la pantalla: donde la música deja de ser consumo para ser vida

Por qué la emoción de un auditorio lleno pesa más que un millón de reproducciones: la visión de una directora contra la corriente

Virginia Martínez, directora de orquesta (Molina de Segura, Murcia, 1979), es uno de los íconos de la música clásica de nuestro país.

En medio del revuelo por las palabras del actor Timothée Chalamet sobre la ópera y la danza —que lo han dejado mal parado de cara a su candidatura al Óscar al mejor actor—, su figura representa precisamente lo contrario: la defensa de la experiencia musical frente al consumo rápido.

La que fuera Mujer Murciana del Año 2018 y Mujer del Año 2019 por la revista Mujer Hoy representa la defensa más férrea de la calidad frente al volumen. Martínez fue entrevistada para el reportaje sobre Neofolk que puedes leer aquí y, aunque ella no se ubique en ese estilo de música, sí representa el vínculo con las raíces.

Virginia Martínez tiene una estrecha relación con la vida musical de la Región de Murcia. Es profeta en su tierra, a la que siempre ha estado ligada, alguien que cuenta incluso con una asociación creada en su honor: BATUTA Virginia.

Exdirectora de la Orquesta Sinfónica de la Radio de Viena, también ha sido parte del jurado del programa Aria, presentado por la también murciana Ruth Lorenzo y por Juanjo Bona, quien forma parte del estudio sobre Neofolk. Y es que la vida es un pañuelo.

Es un formato que valida la ópera en horario prime time en pleno 2025 (Timothée, la ópera sigue viva). Los ojos de Virginia brillaban cuando escuchaba a los concursantes cantar en las maravillosas escenografías que nos regaló Getmusic y TVE, pero sobre todo cuando se emocionaban en las valoraciones, esgrimiendo con palabras el esfuerzo que esconde la puesta en escena de una pieza tan valiosa como una interpretación operística. Podíamos ver, quizá en esos momentos, a la chiquilla de 13 años que dirigía el coro infantil del instituto Hims Mola de su ciudad.

Ha trabajado con formaciones como la Orquesta Nacional de España, la Orquesta Sinfónica de Bilbao, la Orquesta Ciudad de Granada, Oviedo Filarmonía, la Orquesta Filarmónica de Málaga o la Wiener Kammerorchester.

Y como la música clásica tiene futuro, Virginia Martínez deja su legado también desde el ámbito pedagógico. Es catedrática de Dirección de Orquesta en el Conservatorio Superior de Música de Murcia, donde forma a nuevas generaciones de directores.

Durante el periodo en el que ocupó la dirección titular y artística de la Orquesta Sinfónica de la Región de Murcia (2012-2023), Virginia no dejó de innovar mediante la incorporación de repertorio contemporáneo y la implementación de proyectos de divulgación musical. Finalmente, parece que el neofolclore y la música clásica actual no presentan tantas diferencias.

El sábado estaba en el teatro de su ciudad natal en el Concurso de Jóvenes Intérpretes, del que es directora artística. Otro de los proyectos en los que participa para que no se pierda nunca el legado de la música, asegurando con certámenes así que la clásica tiene futuro.

Virginia Martínez durante la entrega de los premios del Certamen de Jóvenes Intérpretes 2026 en Molina de Segura

En ese cruce entre tradición, educación y nuevos públicos aparece también su reflexión sobre cómo se escucha música hoy.

Tramatada:
¿Hasta qué punto considera que la educación musical, especialmente en etapas tempranas, es clave para formar un criterio de escucha propio, capaz de ir más allá de lo que prescriben hoy los algoritmos y las lógicas de consumo rápido?

VM:
No solamente la educación musical, sino cualquier tipo de educación que fomente el espíritu crítico. Porque de nada sirve tener una educación a nivel musical, científico, artístico si no fomentamos ese pensamiento crítico del alumno y sobre todo en edades tempranas, que es tan importante que los niños piensen por sí mismos, decidan por sí mismos en ciertos aspectos, eso es lo más importante. Ya no solo la educación musical a edades tempranas, que es importantísima y yo la reivindico cada vez que puedo, sino que se fomente ese espíritu crítico a la hora de tomar un criterio sobre una obra, un concierto, una grabación, una audición que, desde muy pequeños, sepan que no todo vale. Pero como os digo, no solamente a nivel musical, sino en general. Entonces, por supuesto que la educación musical a edades tempranas es importante en muchos aspectos y se ha demostrado hasta científicamente, pero por supuesto que ayudaría a que uno tenga criterios propios a la hora de valorar, pues como os digo, un concierto, un músico, un artista, eso siempre ayuda, por supuesto.

Su reflexión enlaza con otra cuestión que atraviesa hoy el mundo musical: la diferencia entre audiencia masiva y comunidad cultural.

Tramatada:
En mi investigación detecto que ciertos proyectos musicales generan menos volumen digital, pero una relación más intensa y sostenida con su público. ¿Considera que existe hoy una diferencia estructural entre audiencia masiva y comunidad cultural, y que ambas responden a lógicas de legitimación distintas?

VM:
Siempre ha existido arte que consume las grandes masas y un grupo más selecto, eso siempre ha sido así y seguirá siendo así. Es cierto que hoy en día la música clásica, por decirlo de alguna manera, no puede competir con música pop, con un artista que llena el Wanda Metropolitano de Madrid o el Palau Sant Jordi en Barcelona. No se puede competir con eso y sobre todo a ciertas edades. Pero sí que existe una, yo creo que una intención de acercar la música a todo el público, hay iniciativas miles, variopintas y maravillosas de poder acercar la música clásica al público joven, sobre todo que es la franja de edad que más se nos pierde a lo largo de la vida musical de una persona. Esa edad es muy complicada para que, por eso digo que no se puede competir con o intente sobre todo si lo que hablábamos en la primera pregunta: si un niño de pequeño no ha tenido la oportunidad de ir a escuchar un concierto en directo, una orquesta sinfónica en directo, no podemos pretender que con trece años valore el ir antes a escuchar la Quinta de Beethoven que a escuchar a Aitana. Eso es así, es una realidad y no se puede luchar contra eso. Entonces, por eso es tan importante que los niños vivan la música de pequeñitos para que en un futuro, pues sean futuros consumidores de la música clásica en directo. Y por supuesto que dentro de la música también hay varias parcelas que van dedicadas a un público en particular. Por ejemplo, la música barroca pues no es una área de la música para grandes masas, es más bien un público más selecto. Los conciertos son en sitios más pequeñitos, por ejemplo, por poneros un ejemplo, que sería un grupo de música barroca interpretando sinfonías o sonatas de Corelli en contraposición con una Segunda de Mahler, ¿no? Pues el sitio del concierto es diferente,

Para la directora, esa diferencia entre consumo digital y experiencia artística tiene un lugar claro donde resolverse: el directo.

Tramatada:
El directo como métrica de relevancia. Un promotor musical me planteó que, en el contexto actual, la venta de entradas es la única métrica realmente fiable de impacto. ¿Comparte la idea de que el concierto y la experiencia presencial siguen siendo el espacio donde se valida el valor real de una propuesta musical?

VM:
Vamos, por supuestísimo yo siempre estoy a favor de la música en directo antes que escuchar un CD grabado, aun siendo grabaciones en directo. La música en directo, cualquier acto de cultura en directo siempre será mucho más reconfortante a nivel artístico que una grabación. Es cierto también que la venta de entradas es la única manera de que tenemos de fiable de validar un poco o de hacer un poco un examen del público que consume este tipo de iniciativas. Porque, bueno, la tele mide las audiencias pero realmente las audiencias muchas veces no son reales porque va por tramos, por momentos, pero a un concierto, si uno va a un concierto compra una entrada para un concierto sabemos que está allí de principio a fin por norma general. Entonces, creo que sí que se deberían de promover más todavía este tipo de iniciativas de que la gente vaya a escuchar un concierto, sea la música que sea. Yo en mi caso pues defiendo la música clásica, por supuesto, pero el vivir la música en directo nada tiene que ver con hacerlo desde casa o escuchando una grabación.

No tiene nada que ver lo que aporta la experiencia de vivir la música en directo.

Ese vínculo emocional entre música y territorio también forma parte de su experiencia como directora.

Tramatada:
Muchos proyectos de raíz o vinculados a identidades culturales específicas parecen activar una escucha distinta, menos funcional y más emocional. Desde su trayectoria, ¿cree que la música ligada a identidad y territorio genera formas de fidelidad que no son capturables por las métricas digitales?

VM:
Indudablemente la música ligada a la identidad de una ciudad, de una orquesta, ese sentimiento o ese lazo emocional no se puede medir nunca con la métrica digital. Y además lo hemos comprobado, por ejemplo, en la Sinfónica cuando hemos traído a un solista murciano que es de aquí, el público se vuelca muchísimo más no solamente en asistencia, sino a la hora de los aplausos se ve siempre un cariño especial que un solista que viene de fuera, por muy bueno que sea. Y siempre estoy a favor de que se genere ese tipo de vínculos emocionales con el público a través de la identidad de su tierra.

Y cuando se le plantea el papel de los algoritmos en el consumo cultural, Martínez vuelve a situar la responsabilidad en la formación del público.

Tramatada:
El análisis de los datos muestra una fuerte estandarización sonora en el consumo musical dominante. ¿Le preocupa que los sistemas de recomendación estén reduciendo la diversidad estética y desplazando propuestas culturales que requieren otros tiempos y modos de escucha?

VM:
No me preocupa eso exactamente que haya un movimiento de recomendación de estilos musicales o de algún tipo de música en concreto. Sí que me preocupa que la sociedad no tenga lo que hablábamos en la primera pregunta. Que la sociedad no tenga el suficiente criterio como para dejarse llevar siempre por este tipo de recomendaciones sea la que sea. Lo más importante es que uno escuche lo que quiera, lo que quiera escuchar, lo que le apetezca, no dejarse llevar siempre, en algún momento por supuesto, pero no siempre dejarse arrastrar por una inercia social o alguna moda y terminar consumiendo cultura o arte que no lo haría si no fuera así. Creo que es mucho más importante más que controlar ese tipo de estandarizaciones y de recomendaciones, creo que deberíamos hacer más hincapié en hacer una sociedad más culta y con más criterio propio.

Y quizá ahí esté también el sentido de su trabajo: recordar que la música no vive solo en los algoritmos ni en las métricas digitales, sino en ese instante en el que alguien levanta la batuta y un auditorio entero guarda silencio para escuchar.

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